hernan1951

 
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ya quisieran algunas manos acariciar como lo hacen tus palabras....!
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Desnudos los pies

Desnudó sus pies
Añoraba sentir la fría pero reconfortante humedad de las pequeñas piedras a la orilla de aquella playa que acompañó alborotados e inolvidables  años mozos.

Un escalofrío recorrió su cuerpo al primer contacto, los primeros recuerdos invadieron su mente,
las imágenes llegaban una tras otra.
Hundió sus pies en aquellas piedras como queriendo ir más allá, necesitaba sentir las vivencias pasadas. Muchas cosas buenas pasaron en su vida en aquella época de cuerpos bronceados por el amigable sol que acompañaba sus aventuras hasta retirarse calladamente en el horizonte marino dando paso a las primeras horas nocturnas anunciadas con la brisa fría que obligaba a cubrirse.

Las pequeñas piedras, tibias ya por el calor del día o por el fuego de los recuerdos emanaban un soporífero vapor que lo envolvía en el tiempo.
El aroma del mar dejó paso al aroma de los cuerpos cálidos tendidos despreocupadamente observando la marea al ritmo de sus corazones.
Era así el amor que se sentían, incansable,  constante pero diverso, cada momento era diferente como cada pequeña ola llegando a las orillas de la playa.

El incomparable sonido del arrastrar de las piedras por el mar al retirase las olas de aquella orilla, de aquella playa, parecían murmurar las mismas palabras de amor que en conjunto se decían cada día, cada noche, días y noches sin medida de tiempos, para ellos no existían las horas, eran sus almas, sus sentimientos, sus corazones quienes guiaban su andar en la vida.

El sol como entendiendo sus pensamientos alcanzó la temperatura que te llama a ingresar al mar y disfrutar de la frescura de sus aguas amigables.
Con paso seguro se dirigieron a la orilla esperando el momento indicado para sumergirse y dejarse llevar por la apacible marea asidos de mutua complacencia por la frescura del agua límpida y transparente como la verdad que compartían entre ellos, subieron a la embarcación de remos que los acompañaba silente en su travesía.
Los cuerpos brillaban tostados por el sol y el reflejo de sus miradas interminables, esas miradas que expresan solo lo que el corazón sabe escuchar.
Desnudaron sus deseos de compartir aquella inmensidad que les ofrecía el mar abierto y acercaron sus cuerpos acariciándose  sin tocarse, amándose sin apuro, sintiendo el clamor del amor entrelazaron sus manos para decirle lo sabemos..!
La embarcación al vaivén de las olas acompañaba el ritmo de sus cuerpos unidos ya por la pasión y el puro desenfreno del éxtasis del momento inolvidable.
Ambos, eran uno solo ahora y así continuaron sin tiempos ni prisas, desnudos sus pies, desnudos sus cuerpos, desnudo el amor.
HCC/Nov 2017